jueves, 16 de octubre de 2014

Años 60. La expansión televisiva en España.


La televisión, al igual que otros productos tecnológicos, desde mediados de principios del siglo XX fue un producto de lujo. Bien se conocía la frase de que quien tuviera un televisor en su casa era un potentao. Y no solo se aplica al televisor, sino también a cualquier medio de automoción generalmente importado del extranjero y más estrechamente, de Alemania.

El primer coche como modelo utilitario hecho en España fue el Renault 4/4 en 1953 construido en Valladolid permitió acercas los automóviles a la clase media por 68.000 pesetas de la época (408,69 € actuales), toda una pequeña fortuna en ese tiempo.






De lujo para 50.000 familias a la adquisición general.

Es a partir de 1959 cuando la fabricación de televisores se hace más regular y solo una minoría de la población, entre Madrid y Barcelona principalmente, tiene el privilegio de tener en el salón de casa un televisor. 

Los poderes públicos crean un plan de medidas para incentivar y potenciar el consumo de este electrodoméstico como medio de comunicación. El Estado anula el impuesto de lujo en 1961 y en 1962 se permite la venta a plazos desapareciendo el alquiler de los televisores y durante los sesenta los anuncios publicitarios cuentan con tarifas inferiores a otros productos. 

El parque de televisores sólo es uno de los factores que miden la implantación social de la televisión. Al final de la década, pese a las pocas cifras registradas en comparación al actual, se considera que la televisión tiene una amplia cobertura en España. Unos tres millones y medio de televisores invaden las casas españolas, lo que supone un 40% en todo el país, con grandes desniveles de penetración por las zonas geográficas, siendo entre el 75-80 % Madrid, Barcelona o el País Vasco. En zonas rurales solo llegaba al 25%. Una practica muy extendida entre los potentaos era invitar a familiares y amigos  a ver programas en casa para presumir de su adquisición. En la segunda mitad de la década, es habitual el consumo en bares o en la red de teleclubs de limitado y moderado éxito en las zonas rurales. 



Teleclub del municipio de La Cuba, en Teruel.



Manuel Fraga fue uno de los principales promotores de estos locales municipales en los que los vecinos veían la televisión. 

El político gallego era por aquel entonces principal Ministro de Información y Turismo del gobierno de Franco. El general estuvo muy ligado al desarrollo de la televisión en España (más info aquí). 


Llegaron a existir unos 4.000 en todo el ámbito rural, siendo los mayores núcleos en Extremadura, Castilla La Mancha, Castilla y León, Asturias y Galicia, es decir, desde el centro al noroeste del país.  


En otros rincones del territorio se les conocía como casinos, asociaciones vecinales, teatros minucipales o aulas de Formación Profesional.


En este collage de instantáneas, se recoge la innauguración experimental del teleclub de Herencia en Cuidad Real.







Gracita Morales, actriz que actuó en Atraco a las tres (José María Forque, 1962) cobra cinco pesetas a sus vecinos por entrar en su casa y ver los programas televisivos nocturnos.  


Cuestión de prioridades. 


Los españoles también fueron cambiando sus ideas sobre la televisión. A la altura de 1966 ocupa en las encuestas oficiales un discreto séptimo lugar en los deseos de posesión de bienes de consumo en las ciudades y un duodécimo en las localidades rurales. 

Para los españoles era más necesario la radio, la nevera eléctrica, la máquina de coser o la lavadora, aunque más necesaria que la moto, el coche o el teléfono -recordemos los veranos de la familia Alcántara en Sagrillas donde tenías que ir a las centralitas de teléfono, los actuales locutorios-. 


Actualmente solo el número de frigoríficos supera al de televisores y el 99% de los hogares tiene un televisor.



Las cosas han cambiado mucho ¿verdad? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario